viernes, 31 de marzo de 2017

Mañana.

Hoy me levanté sintiéndome pesada a pesar de haber dormido lo que suponen las "horas correctas", al abrir mis ojos lo único que podía pensar era en lo pesados que se sentían, me pregunto si todos tienen esa sensación al hacerlo, es tan complicado mover un solo músculo de tu cuerpo sin sentirte mal.
A pesar de las luces apagadas mis ojos se pudieron enfocar con claridad ante la imagen de la casa, las horas tempranas y el frío colándose en mi cuerpo, no hacía más que darle un aspecto solitario a lo que normalmente es, aún teniendo a los parientes o demás personas durmiendo en habitaciones y pisos diferentes, se sentía así. 
Lo único que podría hacer es tomar otra siesta y así recompensar aquel estado en el que me encontraba, sin embargo, no lo hice. Como normalmente hago en aquellos días lluviosos y fríos, rodeo una sábana desgastada sobre mi cuerpo mientras me preparo un té mal hecho; no era la mejor haciéndolos, pero al menos calmaba el frío que sentía.
Y así es como simplemente me eché sobre el gran sofá, dando leves soplos a la taza de té; para no quemar mis labios, y así empezar a tomarlo. Las mañanas siempre son duras para mí, mi sueño es tan ligero y pesado a la vez, pero como dicen, al que madruga, Dios lo ayuda.

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